Es una ardua tarea encontrar platos exclusivos en esta villa, pero la dureza del clima y la herencia de buenas recetas, han aportado sin duda personalidad a esta gastronomía.

Al ser tierra de pastoreo y de crudos y largos inviernos se imponen platos en los que un buen aporte energético es fundamental, un claro ejemplo es el famoso Ajo Carretero, guiso de cordero del que se extrae una sopa que se come tras la carne.

 

No exenta de un cierto ritual y tradición podemos hablar de la matanza, que se sigue celebrando año tras año en el mes de febrero y de la cual se extraen sabrosos platos y embutidos. 

 

La primavera y el otoño son las estaciones micológicas por excelencia. Un extenso surtido de setas y hongos inunda los pinares y los platos de la zona. Migueles, níscalos, setas de caballero, amanitas, champiñones, nansarones, setas de cardo, cantarelus, marzuelos… y un suma y sigue hecho de delicias micológicas crece en estos apreciados suelos. Tanto su búsqueda como su degustación son muy apreciadas por aficionados y amantes de la buena mesa.

 

En cuanto a los postres, podemos degustar los deliciosos sobadillos pinariegos,  las sabrosas rosquillas de aire, la torta de chicharrones o las pastas flora.
 


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